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Viernes 9 de Octubre de 2026

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SOCIEDAD

9 de octubre de 2026

El fusilamiento del Che Guevara: un sargento que tardó 40 minutos en disparar, un código secreto y un cadáver escondido

El 9 de octubre de 1967, un mensaje cifrado dio la orden de "eliminar" al líder argentino de la Revolución Cubana. Fue en Bolivia y la CIA estaba detrás de la decisión. Su cuerpo fue exhibido como un trofeo antes de ser mutilado y ocultado

El fusilamiento del Che Guevara: un sargento que tardó 40 minutos en disparar, un código secreto y un cadáver escondido

Fuente: Netfan Servicios

El sargento Mario Terán tenía las manos transpiradas. Sostenía un fusil M1 Garand y esperaba frente a una puerta de madera completamente desvencijada. Era casi la una de la tarde del lunes 9 de octubre de 1967. El sol calentaba los casi treinta ranchos de adobe que componían La Higuera, un pueblo remoto a dos mil metros de altura, en medio de los Andes bolivianos.

Detrás de la puerta desvencijada, que daba entrada a la escuelita rural del pueblo, había tres cadáveres tendidos en el piso de tierra. La sangre de los tres ya se había secado. Había, también, un prisionero vivo. Estaba sentado sobre un banco de madera y tenía la espalda apoyada contra una de las paredes de barro: era, en ese momento, "el insurgente más buscado del planeta".

Ernesto Che Guevara tenía la camisa raída y el pantalón atravesado por el balazo que le habían incrustado en la pantorrilla derecha. Los dos mil metros de altura y el asma que lo castigaba desde muy chico eran una combinación insoportable para sus vías respiratorias: el pecho le silbaba. Pero cada vez que el sargento Terán entraba a la escuelita, Guevara se erguía en su silla.

El sargento recibió órdenes inapelables. Joaquín Zenteno Anaya, coronel del Ejército de Bolivia, lo había convocado al patio de la escuela y le había indicado que la ejecución no podía seguir demorándose. Debían disimular que se trataba de un fusilamiento, así que Félix Ismael Rodríguez, agente de la CIA escondido en el alias "Capitán Ramos", instruyó a Terán sobre cómo debía disparar. "No le tire de aquí para arriba, tírele de aquí para abajo porque se supone que este hombre debe morir por heridas de combate", dijo el agente de la CIA, y señaló el cuello del Che como línea divisoria.

El destino de Guevara se había terminado de sellar algunas horas antes en La Paz. Vallegrande, una localidad en la zona de Santa Cruz, mantuvo comunicaciones codificadas por radio con la cúpula militar de Bolivia. El número 500 identificaba al Che, el 600 implicaba mantenerlo vivo y el 700 daba la orden de eliminarlo. En la madrugada del 9 de octubre, un parte emitido desde La Higuera solicitaba indicaciones precisas.

"Parte último ratifica encontrarse en nuestro poder 500. Deseamos recibir instrucciones concretas si 600 o 700". Fue el mismísimo presidente de Bolivia, René Barrientos Oruño, quien dio la orden de emitir una respuesta: "Orden presidente Fernando 700". La instrucción se reprodujo en los teléfonos de campaña a través de otro código: "Saludos a Papá". El eslabón final de esa cadena de comunicaciones fue cuando el sargento Terán recibió la instrucción de ejecutar a Guevara.

"Dudé 40 minutos antes de ejecutar la orden. Fui a ver al coronel Pérez con la esperanza de que la hubiera anulado, pero el coronel se puso furioso. Fue el peor momento de mi vida. Cuando llegué, el Che estaba sentado en un banco. Al verme, dijo 'usted ha venido a matarme'. Bajé la cabeza sin responder", le dijo Terán a la revista Paris Match varios años después de aquel mediodía en La Higuera.

"En ese momento vi al Che grande, muy grande, enorme. Sus ojos brillaban intensamente. Sentía que se me venía encima y cuando me miró fijamente, me mareé. Pensé que con un movimiento rápido el Che podría quitarme el arma", reconstruyó Terán en la entrevista. Guevara le dijo: "¡Serénese y apunte bien, va a matar a un hombre!". El sargento retrocedió un paso hacia la puerta desvencijada, cerró los ojos y empezó a disparar.

"El Che, con las piernas destrozadas, cayó al suelo, se contorsionó y empezó a perder muchísima sangre. Yo recuperé el ánimo y disparé la segunda ráfaga, que le dio en un brazo, el hombro y en el corazón. Ya estaba muerto", contó Terán. Habían pasado diez minutos de la una de la tarde. "El insurgente más buscado del planeta" acababa de convertirse en cadáver. Yacía sobre el piso de tierra de la escuelita de La Higuera. Habían pasado ocho años y nueve meses desde el estallido de la Revolución Cubana que había comandado.

Cuando Mario Terán lo ejecutó, Guevara tenía 39 años. Había nacido en 1928 en Rosario, en medio de una familia acomodada. El asma impactó su salud desde sus primeros años, y los que lo conocieron desde chiquito aseguraban que esa condición le forjó un carácter resistente, casi indomable. Pasó su juventud en Córdoba, entre libros y partidos de rugby. Sus amigos le decían "el Chancho" Guevara por su descuido estético.

Recorrió Latinoamérica cuando ya era estudiante de Medicina de la Universidad de Buenos Aires. Junto a su amigo Alberto Granado se subieron a La Poderosa II, la moto que los llevó por Chile, Perú, Colombia y Venezuela.

Dos escenas lo impactaron especialmente: las condiciones miserables en las que vivían los trabajadores mineros de Chuquicamata y el leprosario al que estaban condenados quienes padecían esa enfermedad en San Pablo. El médico marxista Hugo Pesce fue su mayor influencia para pensar que para mejorar la salud de la región, debían transformarse las condiciones políticas y sociales del continente.

En 1953 se recibió de médico y en 1954 viajó a Guatemala, donde presenció el golpe de Estado que derrocó a Jacobo Arbenz y que había sido orquestado por la CIA para defender a una empresa multinacional de capitales estadounidenses, la United Fruit Company. Guevara diría que en ese instante se convenció de que el imperialismo sólo podía combatirse a través de la insurrección armada. Por esos días se ganó su apodo para siempre: los exiliados cubanos lo llamaron "Che".

En 1954 conoció a los hermanos Fidel y Raúl Castro, en México, y se sumó al Movimiento 26 de Julio, destinado a derrocar a la dictadura cubana de Fulgencio Batista. En noviembre de 1956 subió al yate Granma, que viajaría desde México hasta Cuba. En ese trayecto, Guevara pasó definitivamente a las armas y fue promovido Comandante. En 1958, en la previa de la Revolución Cubana, encabezó a los combatientes de la Batalla de Santa Clara, que desencadenó la fuga de Batista.

Durante los primeros años de la Revolución, fue presidente del Banco Nacional y ministro de Industrias. Escribió La guerra de guerrillas y promovió el llamado "foquismo", según el cual un pequeño grupo guerrillero puede generar las condiciones necesarias para impulsar una revolución popular. En 1965 renunció a sus cargos y a la ciudadanía cubana. Se despidió de Fidel Castro con la frase con la que todavía se lo recuerda: "Hasta la victoria siempre".

Combatió clandestinamente en el Congo y, después, ingresó a Bolivia escondido bajo otra identidad: Adolfo Mena González. Su objetivo era comandar allí el Ejército de Liberación Nacional (ELN). El Partido Comunista Boliviano retiró todo apoyo a ese grupo, y los campesinos a los que Guevara buscaba convocar se rehusaron a sumarse e incluso se convirtieron en informantes del ejército.

Dos días antes del fusilamiento, ya completamente cercado, el Che escribió por última vez en su Diario de Bolivia: "OCTUBRE 7. Se cumplieron los 11 meses de nuestra inauguración guerrillera sin complicaciones, bucólicamente (...) Estamos aproximadamente a una legua de Higueras y otra de Jagüey y unas 2 de Pucará. A las 17.30, Inti, Aniceto y Pablito fueron a casa de la vieja que tiene una hija postrada y una medio enana; se le dieron 50 pesos con el encargo de que no fuera a hablar ni una palabra, pero con pocas esperanzas de que cumpla a pesar de sus promesas".

Pocas horas después, las tropas del Ejército llegaron a la Quebrada del Churo: el Che fue herido y tomado prisionero. Le quedaban menos de 48 horas de vida.

Unas horas después de que Terán fusilara a Guevara, el cuerpo fue atado con sogas al patín de un helicóptero para ser trasladado a Vallegrande. Fueron treinta kilómetros de vuelo sobre los Andes, en medio de un viento que mantuvo los ojos del Che abiertos. El cadáver fue depositado en la lavandería del Hospital Señor de Malta, donde una enfermera lo lavó y un médico le inyectó formaldehído, un compuesto químico usado en las morgues para la conservación de los cuerpos.

La lavandería hospitalaria se convirtió en una especie de sala de exhibiciones improvisada y cargada de morbo. Por allí, durante dos días, pasaron oficiales del ejército boliviano y agentes de organizaciones militares y de inteligencia extranjeros para posar sonrientes para una foto al lado del cadáver de Guevara. Incluso, en algunos casos, sosteniendo su cabeza.

Los pobladores de Vallegrande fueron obligados a desfilar frente al cuerpo. Los jefes militares gritaban: "Vengan, pasen a ver a los chanchos muertos". Varias mujeres le cortaron algún mechón de pelo al Che, querían guardarlo como reliquia.

Varios fotógrafos tomaron imágenes que después recorrerían el mundo: el cadáver de Guevara con, una escena que sería comparada con Cristo muerto, una obra pictórica del artista Andrea Mantegna creada a fines del siglo XV. En 2014, en Zaragoza, fueron encontradas por casualidad ocho fotos inéditas del cadáver: Luis Cuartero, un misionero, las había llevado hasta España después de que el periodista francés Marc Hutten se las diera en secreto para sacarlas de Bolivia.

El 10 de octubre, un médico amputó las manos del Che para conservarlas en formol y que las huellas dactilares sirvieran como identificación. Bolivia temía que la tumba de Guevara se convirtiera en un santuario para sus seguidores de todo el mundo. El 11 de octubre de 1967, dos días después de su fusilamiento, el cuerpo de Guevara y el de seis de sus compañeros de guerrilla fueron enterrados clandestinamente en una fosa común en aeródromo de Vallegrande.

Pasaron treinta años hasta que sus restos fueron hallados. El Equipo Argentino de Antropología Forense (EAAF) y un equipo de científicos cubanos encontraron la fosa y pudieron identificar sus restos. Dos señales resultaron inconfundibles: al cuerpo le faltaban las dos manos y en la chaqueta aún estaba guardada una pipa. En julio de 1997, los restos del Che fueron repatriados a Cuba e inhumados en el Mausoleo de Santa Clara. Mario Terán, el hombre que lo fusiló tras dudar durante cuarenta minutos, murió en 2022.

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